Por Xabi Gómez

La mayoría te conoce por aquellos éxitos que dio el waterpolo español en la década de los noventa pero también tienes un bagaje muy importante como jugador de waterpolo. 

Soy un afortunado. A los 15 años fui olímpico en México 1968 y y eso te marca. Más tarde también acudí a los juegos de Múnich 1972 y fui Campeón de Europa en 1981 con el CN Barcelona, el club de mi vida, en aquella final contra el Spandau alemán en la que Manel Estiarte era una pieza clave a pesar de su juventud. He sido Campeón de España, numerosas veces seleccionado como jugador internacional, participé en 4 Campeonatos del Mundo… Pero evidentemente la gente se acuerda más de mi etapa como entrenador.

Por aquel entonces el waterpolo español sería de otra galaxia, mucho menos profesionalizado…

Estábamos en paños menores. Es a partir de Moscú 1980 cuando ahí empieza a despuntar España, quedando entre los 6 primeros. Es una etapa que casi tengo que recordar en blanco y negro (risas). Recuerdo que cuando volví al CN Barcelona en 1979, teníamos un equipo mucho más trabajado con Estiarte y la incorporación de Salvador Franch en la portería. Ibamos con la cabeza alta por Europa hasta que en aquella final pudimos romper el mito y nos coronamos Campeones en la piscina de Sant Jordi.

¿Cómo fue esa transición de jugador a entrenador? 

Sucedió cuando estuve en el CN Helios de 1975 a 1979. Actuaba como jugador y entrenador a la vez. Algo muy difícil de hacer y me juré que no lo volvería a hacer. Hasta tal punto que en 1983 el CN Terrasa quiso ficharme con el mismo rol y con la experiencia previa de Zaragoza tuve que negarme. Tenía claro que sólo sería entrenador, así que Terrasa aceptó mis condiciones y ahí empecé mi carrera como entrenador.

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En la última década el waterpolo ha cambiado mucho mirando hacía atrás. ¿Cuáles han sido en tu opinión los factores que más han incidido en este cambio?

Sin duda los términos ofensivos del juego. Creo que lo que quieren las federaciones es potenciar este aspecto. El hecho de que los entrenadores tratemos de sacar de sus casillas a los jugadores más ofensivos en un claro ejemplo de ello. Otro aspecto creo que ha sido la preparación física. Pienso en la preparación de un jugador de waterpolo, horas de seco y luego agua, vídeos, charlas… un jugador de élite le dedica 6 horas al día al entrenamiento. Hemos avanzado mucho. Cuando yo entrenaba recuerdo que entrenábamos tres días a la semana, 1.500 metros y luego pasamos al balón enseguida porque si no nos aburríamos. Se ha profesionalizado mucho el juego.

De todos modos, somos prácticamente el único deporte que cada cierto tiempo cambiamos de reglas…

Totalmente. En Sydney 2000 hablé con varios profesionales de otros deportes como hockey o Balonmano y me decían que los de waterpolo éramos unos mataos porque en siete días jugábamos toda la competición. Creo que soy el precursor, y de ésto estoy orgulloso, de haber conseguido de hacer ver a los Cardenales -así los llamo de modo cariñoso-, de la Internacional que no era factible tantos partidos en un tiempo tan corto. En el 2003 ya hicimos en el Mundial de Barcelona que un día se jugara un partido y el otro se descansara. Pero volviendo al tema del cambio de reglas yo no estoy de acuerdo que cada poco se cambien. En fútbol no ha habido grandes cambios desde sus inicios y, nosotros, tenemos personas que cada poco cambian reglas. Esto crea confusión.

En 1994 pasas a ser seleccionador nacional. ¿Por qué confiaron en ti?

Mi primera experiencia como seleccionador nacional fue en 1994 y recuerdo que el presidente de la RFEN en aquel entonces Rafael Blanco me dijo tras firmar por un año que esto era como un melón, si salía maduro seguiría pero si salía verde a la calle. Alguna vez le he bromeado con que el melón no salió tan malo. Aquel año el equipo estaba un poco enlatado por la etapa previa de Dragan y fuimos a Roma y obtuvimos la plata. A partir de aquel año enlazamos todo. Me gané su respeto y pudimos hacer un buen equipo.

Tu nombre está inevitablemente ligado a aquella generación que lo ganó prácticamente todo. ¿Qué factores se dieron para aquellos triunfos?

En esto siempre he sido sincero. Tuvimos una generación única. Tardaremos en volver a ver una selección de este talante. Estuvimos cerca en Roma 2009 con la plata obtenida pero es muy difícil. Tener al mejor portero del mundo y al mejor jugador de la historia es algo prácticamente irrepetible y más con las normas actuales. Había un siete titular impresionante, unos talentos increíbles.

¿Qué papel juega el entrenador con esas estrellas?

Estoy orgulloso de haber aportado lógica y sentido común. Es decir, el entrenador del FC Barcelona no enseña a jugar a Messi. Soy más de Ancelotti que de Mou, sabiendo gestionar un vestuario y no haciendo ver que has inventado la sopa. Es mi teoría. Los jugadores que yo me encontré tenían una buena dinámica de trabajo adquirida en la etapa de Matutinovic. Yo seguí trabajando pero respetando a las personas. Parecíamos un poco Comisiones Obreras, pactando todo. Con aquel equipo había que negociar, eran duras las negociaciones, creedme (risas).

En 2004 terminas tu etapa como seleccionador y me llamó la atención unas declaraciones que hiciste para EFE en la que mencionabas que nadie apostó por ti tras esto y tuviste que emigrar.

Eso es verdad. Tengo millones de defectos pero siempre he sido sincero y honrado y creo que si en España los envidiosos volaran nunca veríamos el sol. Me he quedado siempre un poco desagraviado con algunas personas del waterpolo español. En los diez años que estuve de entrenador, siempre quise hacer partícipe a los demás clubes de los éxitos obtenidos. Porque creía que era una cosa de todos. Lo intenté, quizás de manera demasiado altruista. Ahora ya no tanto pero en su momento si querías algo, tenías que ser un poco pelota y hacer reverencias a los presidentes de clubes o federaciones. Hay que morir con dignidad. Nadie me llamó al teléfono tras mi salida de los banquillos españoles, excepto Valencia.

Háblame un poco de tu etapa en Valencia…

Llegué ahí gracias a la labor de Quim Colet y Chava Gómez. Fueron dos años magníficos. Teníamos un presupuesto muy modesto pero hicimos las cosas muy bien. El primer año fue genial y el segundo se acabo el presupuesto por los recortes establecidos. Aún así es una etapa de la que estoy muy orgulloso.

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En 2007 recibes una oferta de China, el Gran Dragón Rojo…

Recibí una llamada y en 24 horas lo decidí. Fue muy duro para mi esta etapa especialmente al principio. El primer mes recuerdo que tuve la maleta abierta varias veces por si acaso. Otra cultura, otro idioma, diferentes costumbres… muy duro. Cada viernes examen de los entrenadores y directivos chinos preguntando cada una de mis decisiones. A partir de una salida en Australia, pude tener más autonomía. De todos modos, las jugadoras saben sacrificarse de una manera excepcional. 24 horas del día los siete días de la semana.

¿Cuándo se produjo el final del idilio entre Joan Jané y China?

En la Copa del Mundo de Nueva Zelanda de 2010 hacemos bronce, jugando muy bien. En 2011 en Shanghai hacemos plata y la secuencia en teoría, era el oro en Londres pero, perdimos contra Australia en penaltis en 1/4 de final y ésto les costó digerir. Se rompió la magia en ese momento. Los profesionales tenemos que comprender que estas cosas pasan.

Ahora estas en Colombia, de Director Técnico de Antioquía…

Así es. Está yendo bien. Este año hemos ganado las cuatro categorías y parece que la dinámica es positiva. En Colombia los chicos tienen cierta infraestructura pero la sección femenina es una asignatura pendiente. La selección por su parte está en pleno cambio con Vladimir López a la cabeza. En Antioquía es mi segundo a bordo pero en la selección nacional es quien lleva las riendas. Digo en pleno cambio porque al principio de mi llegada les comenté que dependíamos en exceso de jugadores de 35 años y, dimos la oportunidad a jóvenes. Este año hemos metimos tres chavales de 19, uno de 17, uno de 20 y otro de 21.

En los Centroamericanos de Veracruz, Colombia parecía que podría haber dado más…

Hemos ido a Veracruz con un equipo casi junior porque expliqué que hay que apostar por los jóvenes como se hace en España. El portero por ejemplo tiene 17 años, casi dos metros y es un auténtico enfermo del waterpolo. En los partidos complicados acabamos jugando con este chaval a pesar de su juventud porque el titular Elkin Buitrago no acabó de jugar como yo esperaba, soy muy exigente. En este deporte la táctica la marcas dependiendo del portero.

¿Cómo está el waterpolo en América Latina?

Lo poco que he podido ver hay tres selecciones que están muy por encima del resto y pueden competir en cualquier torneo internacional con la cabeza alta que son Estados Unidos, Canadá y Brasil. El cuarto sería Argentina pero con la nacionalización de Echenique pierden mucho. El resto hace lo que puede porque no hay la cultura. El próximo año hay Panamericanos, veremos lo que pasa.

Hablemos del waterpolo en España. ¿Cómo lo ves desde la lejanía actualmente?

Seré sincero porque considero que un deporte que me lo ha dado todo así lo merece. En todos los deportes es lo mismo, se tiene que dar una generación para ver resultados. Yo creo que la selección española es buena pero comparado con otras generaciones no ha sido lo suficientemente extraordinaria. Vas a la guerra deportiva contra unas selecciones muy buenas. No han tenido la fortuna de encontrar a Pau Gasol o Manel Estiarte. Esto es lo que ha pasado en el masculino. Esta es mi percepción pero se están haciendo las cosas bastante bien. Es cierto que quedarse fuera del Mundial ha sido una decepción pero en el Europeo de Budapest se perdió contra los anfitriones de Hungría. Algo que no le puede extrañar a nadie. Eso es lo que hay que analizar.

¿Nos clasificaremos para Rio 2016?

Será difícil porque ha coincidido unas olimpiadas en un continente fuera de Europa y si Brasil por ser organizador ya está clasificado y los Estados Unidos ganan el Panamericano, ya son dos países más que dejan a Europa con menos plazas. Pero esto es la alta competición.

Después de presentarte BIWPA ¿qué opinas? 

A mi me fascina. Ojalá tengáis toda la suerte del mundo y que enganche a la gente para traer equipos a Barcelona. Os tengo admiración para un proyecto que es duro pero en esta vida nada es fácil. Vuestra incitativa es de poner los pelos de punta, que sean los ‘locos bajitos’ los que tengan éxito.