Por Xabi Gómez

La International Swimmining Hall of Fame, ISHOF por sus siglas en inglés y con sede en Florida (Estados Unidos) , tiene como objetivo promocionar los hábitos saludables de los deportes acuáticos. Entre otras iniciativas, tiene una en concreto que llama poderosamente la atención: el ‘Hall of Fame’ o salón de la fama.

55 jugadores internacionales de todos los tiempos que grabaron a fuego sus nombres en este salón de los recuerdos. En las próximas ediciones de esta sección, iremos desgranando los nombres e historias de estos jugadores, todos ellos, con una vida detrás con sus victorias y derrotas.

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Hay dos españoles que tienen el privilegio de estar entre los más grandes: Manel Estiarte y Jesús Rollán. Para el público castellano, es un tanto desconocido que ambos jugadores hayan sido reconocidos por esta prestigiosa institución.

Personalmente no podía menos que estrenar esta sección con Jesús Rollán por diferentes motivos, entre ellos su trágico final y la frágil memoria del ser humano. Sirvan estas modestas líneas para que los más jóvenes nunca olviden que el waterpolo español estuvo a lo largo de dos décadas defendido por uno de los mejores –sino el mejor- porteros de la historia, Jesús Rollán.

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‘El Guardián de la Piscina’

Jesús Rollán nació el 4 de abril de 1968 en Madrid. A los pocos años de su niñez ya se decidió por la piscina tras una lesión en la rodilla. Fue en sus inicios cuando dio con Mariano García, un entrenador de la ‘vieja escuela’ que fue uno de los promotores de una de las generaciones más brillantes que ha dado el waterpolo madrileño.

Caracterizados por su desparpajo en el agua, ‘Chava’, ‘Toto’, ‘Miki’… pronto se hicieron hueco en el panorama nacional. Al cumplir los 18 años, Jesús Rollán abandonó Madrid y se instaló en Barcelona junto a su amigo Pedro García ‘Toto’. Durante su estancia como jugador del histórico C.N. Catalunya Rollán fue cosechando un envidiable palmarés a nivel nacional que le abrieron de par en par las puertas de la selección.

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Fue con el conjunto estatal con el que forjó una reputación al alcance de muy pocos porteros. Jesús llegó a infundir tanto respeto que muchos jugadores de los equipos rivales se pensaban dos veces si chutar o no. Fruto de la unión entre catalanes y madrieños, España pasó de ser una selección de ‘segundo orden’ a pelear por las medallas a lo largo de la década de los noventa y parte del principio de la presente centuria.

Para siempre quedará en el recuerdo las lágrimas de Jesús en Atlanta 1996 tras vencer en la final a Croacia y hacerse con el oro. El mismo lloro, pero de dolor esta vez, fue el que acompañó a todo el waterpolo internacional tras conocerse el trágico suceso que acarreó el final de este gran portero que obtuvo tantas victorias y los más laureados premios del waterpolo, entre ellos, su entrada póstuma en el Hall of Fame.