Por Xabi Gómez.

Para aquellos que les es ajeno lo que sucede en el viejo continente la primera impresión sobre el dominio europeo puede ser un poco escéptica. Pero ahí están los datos para contrarrestar las afirmaciones que aquí se van a hacer.

Estados Unidos ha participado en casi todas las competiciones olímpicas y mundialistas pero, a pesar del innegable potencial de este país en materia acuática, no ha podido subirse a lo más alto del podio en las últimas décadas. Los inicios fueron brillantes a principios del siglo XX y, destacan también dos platas en la década de los ochenta, pero por lo general, siempre se han visto rezagados respecto a los países dominantes del waterpolo en categoría masculina.

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Quizá la sección femenina ha sido en ese sentido, un caso aparte pues, desde que en el año 2000 (Sydney) las chicas pueden competir en los Juegos Olímpicos, las americanas han sido una medalla segura para la nación. En los últimos años, la irrupción en el panorama internacional de otras selecciones –especialmente en el caso de España– han puesto en tela de juicio las hasta ahora intratables americanas.

Uno de los factores que más inciden en este resultado es, a mi entender, el sistema en el cual se basa el waterpolo norteamericano, pues es la “espina que vértebra todo lo demás”, en palabras de Denja Udovicic actual seleccionador de USA. “No hay país en la tierra con mayor potencial que los Estados Unidos”, añadía el serbio.

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Algunas diferencias en el waterpolo USA vs. Europa

Y la verdad es que es difícil no estar de acuerdo con las afirmaciones del seleccionar americano. Estados Unidos tiene más jugadores sub-16 que cualquier país del mundo, pero más allá de las competiciones de High School o College, no hay nada más.

En Europa por el contrario, el sistema de clubes permite al jugador ‘ascender’ rápidamente hasta poder disputar partidos con el primer equipo –en caso de los más talentosos- a los 16 años. En USA, éste jugador tendría que esperar hasta la universidad para poder destacar.

Las dimensiones del país también son un elemento en contra. Las competiciones se concentran en dos o tres días de duración y excepto California, donde se concentra la mayor parte del waterpolo, el contacto con otras High School, College o University es escaso.

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En contraposición, una de las ciudades europeas donde más clubes proliferan es Barcelona. La relación entre ellos es muy activa y pueden disputar partidos y entrenamientos de calidad en un ratio pequeño de acción. Un win win al alcance de pocas ciudades en el mundo.

La llegada de un europeo como Dejan Udovicic a las estructuras del waterpolo americano puede leerse también como un gesto de acercamiento a un sistema que en Europa, a pesar de la maltrecha economía de los clubes, funciona en el ámbito deportivo. Brasil también ha apostado por un croata de una reputación intachable como Radko Rudic para los Juegos Olímpicos de Rio 2016.

¿Y si el gigante americano despierta de su sueño…?