Pregunta obligatoria. ¿Cómo empezaste en este deporte y qué primeros recuerdos tienes en el agua?

No se me daba muy bien nadar, y como era alta, en el club me propusieron que probara el waterpolo… después del primer día de entrenamiento ya tenía decidido que iba a jugar a waterpolo… me lo pasé genial.

Tu carrera en España se desarrolló principalmente en el CE Mediterrani obteniendo el título de Liga en la temporada 2002-2003. ¿Qué recuerdas de aquella etapa?

De esa época en el CE Mediterrani recuerdo estar rodeada de las mejores jugadoras. La mayoría formaban parte de la selección española, así que cada entreno era un lujo por el alto nivel y la disciplina que había. Ahí aprendí a querer el waterpolo en su esencia, no había ningún tipo de ayuda económica, ni a nivel de selecciones ni a nivel de clubs,… así que era dedicarle horas y esfuerzo a disfrutar de ese deporte.

Paralelamente empiezan los primeros éxitos internacionales con la selección junior en Loule y Calgary.

Recuerdo que esos veranos, con la entrenadora Mar Sanromà, trabajamos muy duro, muchas horas de entrenamiento y con mucha disciplina. Sabíamos que éste era el único camino para poder hacer un buen resultado. Incluso era la primera vez que trabajábamos con psicólogo y con biomecánico. Y tanto esfuerzo sirvió de algo, llegaron las primeras medallas en categorías del waterpolo femenino (Bronze en el europeo de Loule y Bronze en el mundial de Calgary).

Fuiste parte del equipo que participó en 2003 en el Mundial de Barcelona y que se considera como las precursoras de la actual generación que ha cosechado tantos éxitos. ¿Cómo se vive un mundial en casa?

Con 20 años y siendo de las más pequeñas del equipo recuerdo que fue brutal, durante todo el campeonato teníamos la piel de gallina. No podía creerme que tanta gente nos animara, nos siguiera y que disfrutara con nuestros partidos. Lo recuerdo como uno de los momentos más importantes de mi carrera.

Gracias a esa generación, se entró en el plan ADO con todo lo que conlleva. Parece que a la gente se le olvida que hubo waterpolo femenino antes de la etapa actual. ¿Qué cambios has percibido desde entonces?

La gente que lleva años en el mundo del waterpolo femenino sabe que si no hubiera sido por esa generación, probablemente el waterpolo femenino tal y como lo vemos ahora no existiría. Había jugadoras que entrenaban cada día después de un día duro de trabajo, que pedían vacaciones para ir stages o torneos, que “hipotecaban” su verano para poder estar a “full” con la selección, y todo esto sin compensación económica… simplemente era de admirar. Gracias a ese equipo y ese primer ADO, algunas jugadoras de la selección pueden estar sin trabajar, o pueden alargar los estudios. Las becas ADO son imprescindibles para que las jugadoras puedan dedicar el tiempo suficiente al waterpolo para conseguir grandes resultados, de otra forma sería casi imposible.

Plata en Málaga 2008

Plata en Málaga 2008

En el año 2004 te marchas a Estados Unidos donde cosechas un anillo de la NCAA en tu primera temporada. ¿Cómo es el waterpolo al otro lado del Atlántico?

Es un waterpolo duro, de muchas horas de entrenamiento y mucha disciplina. Los entrenamientos tenían hora de inicio pero no de finalización, reuniones de horas, tenías que estudiar unos dosieres de los rivales antes de los partidos, etc… Cuando tu objetivo es ganar un NCAA existe mucha presión. Además, en el caso de tener una “full scholarship”, la continuidad depende de tus resultados tanto académicos como deportivos.

El haber estudiado en América ¿te ha ayudado a la hora de reinsertarte en el mundo laboral?

Siempre ayuda tener una carrera en EEUU y tener un alto nivel de inglés. Esto último es fundamental hoy en día en cualquier carrera profesional.

Más tarde vuelves a España donde en la temporada 2009-2010 os volvéis a proclamar campeonas de Liga con el Mediterrani con algunas de las que luego han sido una parte muy importante de la selección nacional actual…

Es la liga que recuerdo con más cariño. Fue un año duro en muchos aspectos, pero supimos sobrellevarlo muy bien: éramos muy disciplinadas (aguantábamos cualquier entrenamiento que nos echaran), jugadoras con talento,… pero fue la actitud en el agua y el buen rollo entre nosotras lo que hizo que ganáramos esa liga y que fuera memorable. Te puedo asegurar que cualquier jugadora de las que formaron parte de ese equipo recuerda esa temporada de forma especial.

Y después decides marchar a la aventura y te vas a la cuna del waterpolo mundial, Hungría. Ahí obtienes dos subcampeonatos de liga. ¿Qué recuerdos tienes de esa experiencia?

Venía de EEUU, donde todo se basaba en la disciplina y el trabajo, así que me chocó ver un waterpolo totalmente diferente… el del talento. Ver niños de 12-15 años con un dominio de balón que jugadores en España solo consiguen en los últimos años de su carrera te deja sin palabras. Y esto debido a que en Hungría empiezan de muy pequeñitos trabajando mucho la técnica individual y el dominio del balón.

Probablemente, lo que me quedo de esos años es haber compartido equipo con algunas de las mejores jugadoras húngaras de la historia.

Sin olvidar la plata que ganasteis con la selección en el Campeonato de Europa de 2008 en Málaga…

Inolvidable… como nos animó la afición en ese campeonato! Esperándonos fuera de la piscina para cantarnos, animaros,… lo disfrutamos muchísimo. Recuerdo el partido de semis que ganamos contra Hungría, fue muy emocionante. Y aunque luego perdimos la final, estábamos eufóricas de conseguir la primera medalla del waterpolo femenino en una gran competición.

¿Cuáles han sido tu mejor y peor recuerdo en este deporte?

No puedo decirme por un solo recuerdo bueno, probablemente podría resumirlos en tres:

  1. Los partidos ganados o perdidos que marcaron un antes y después en mi carrera deportiva y en mi evolución como jugadora.
  2. Los momentos en entrenamientos y en viajes con las compañeras de equipo, que hace que recuerdes todo lo vivido con un cariño especial.
  3. Y todos los momentos y partidos compartidos, tanto en la selección como en el club, con mi hermana (Cristina Pardo). No hubiera vivido todo de la manera en que lo hice si no la hubiera tenido al lado.

El peor recuerdo probablemente sea el día en que decidí dejar de jugar a waterpolo, sigo echándolo de menos. Pero siempre llega ese momento en que uno debe tomar esa decisión y no mirar hacia atrás, porque en realidad, hay muchas cosas maravillosas que nos esperan fuera de la piscina.

¿Qué consejos darías a las más jóvenes dada tu experiencia?

Dos consejos:

Que para conseguir algo (ir a la selección, ganar una liga, o incluso jugar más minutos en club) hay que trabajar mucho… habrán decepciones y fallos, y serán éstos los que nos ayudarán a lograr el objetivo, de otra manera no llegaríamos nunca.

El waterpolo es una parte de la vida que hay que vivir intensamente y aprovecharla, pero no la única. Que nunca dejen de estudiar y de tener otros sueños y objetivos fuera del agua. 

Hablemos un poco de BIWPA. ¿Qué te parece y qué puede ofrecer al waterpolo actual?

BIWPA es un gran proyecto, y creo que la clave está en la diversidad de programas, en poder combinarlos con estudios y en la diversidad cultural. Creo que para jugar a otro nivel es esencial enriquecerse aprendiendo diferentes formas de entender el waterpolo, y este programa puede ofrecer esta experiencia a los jugadores en formación.